Hoy, un 21 de Mayo nacía en “La Aguada” José Batlle y Ordóñez hace ya 167 años; hoy, 167 años atrás nació Batlle y comenzarían luego a cambiarse los usos y costumbres de una “Banda Oriental” devenida luego en “Patria Vieja”, para darle paso al Uruguay.
Cuando se evocan prohombres, suele recordarse la fecha en que el homenajeado nació, a partir de la (o lo) cual, esa misma fecha es referencia para la evocación de todo lo que subsiguió al nacimiento y finalizó en la desaparición física.
No es el caso. El “Viejo Batlle” alguna vez fue un recién nacido, fue un niño, fue un jovencito, fue un joven, fue un hombre maduro, y fue -en tiempos en que la madurez avanzada no era lo extensa que es hoy- también un hombre viejo que honró la estadística de la época despidiéndose de la vida a sus 73 años.
No vamos a evocar sus luchas -que comenzaron contra las dictaduras de Latorre y Santos- porque eso es dominio público; tampoco sus desvelos por un Uruguay mejor.
Nada de eso porque sus aspiraciones convertidas ya en realizaciones allí están. Tampoco tiene caso inventariar las conquistas sociales y políticas por él promovidas, defendidas y terminadas por lograrse, por plasmarse.
Es que cuando nació Batlle se rompió el molde. Acunado con los cuidados de la época, no tiene caso recordar hoy el producto de un lápiz en la mano firme de su brazo certero, guiado por el cerebro potente, irrigado por la sangre fecunda de su corazón noble. ¿Para qué, si ya se sabe?
¿Por qué habríamos de evocar su preocupación casi terca en el futuro a que él llamaba “porvenir”? ¿Por qué habríamos de insistir en aquella mano parte de aquél brazo al que le daba el impulso aquél cerebro que vivía de aquella sangre hija de aquél corazón?
¿Por qué y para qué?
El “Viejo Batlle” fue lo que fue en el tránsito de su vida. Fue un luchador incansable e imbatible. Tuvo los más grandes honores pero también fue combatido sin tregua y sufrió la prisión y el atentado. Fue comprendido, aplaudido y hasta fue amado en el corazón de los débiles, pero también fue incomprendido y aborrecido. Incluyó en su tribuna a los anarquistas en su vasta comprensión e interpretación de aquellos tiempos de fermento que terminarían por moldear nuestra República.
Fue tolerante aunque no complaciente, fue la interpretación de los tiempos que corrían, pero además fue el constructor. Fue el terco que cuanto más viejo más impulsaba hombres y mujeres al quehacer nacional.
Fue feministade primera hora (escribía con seudónimo “Laura”)
Fue temprano ecologista (bregaba por todo lo que no fuera sufrir de los animales prohibiendo las riñas de gallos, las corridas de toros, las corridas de toros y de ratas)
Fue humanistaverdadero (admiraba a Eratóstenes, a Aristarco de Samos y a Hypatia, parte de aquel reverdecer alejandrino previo al mismísimo Renacimiento del 1500 que nos legó a los contestatarios Leonardo y Miguel Ángel)
Todo esto nos trajo el Viejo Batlle casi que disimulándolo con sus ganas de obviar su sabiduría.
Hoy, a tantos años del 167º aniversario de su nacimiento apenas despegado 6 años del fallecimiento del Prócer José Artigas, no queremos a recodar al José Batlle y Ordóñez que acababa de nacer, sino al adultomayor.
Al hombre que en el ocaso de su vida sentía que tenía el derecho a jubilarse, lo que hizo poco antes de su muerte (transida por otras muertes como la de sus amigos en “El Quebracho” o la de sus hijas y esposa)
En EL IDEAL, el diario que dirigía además de EL DIA, se publicó la siguiente noticia el 30 de noviembre de 1927,
“Jubilación del Sr. Batlle y Ordóñez”
Se da la noticia de que el señor Batlle y Ordoñez presentará hoy pedido de jubilación. La información es exacta. El señor Batlle y Ordoñez podía haberse jubilado hace doce años y se jubila recién ahora. El hecho no impedirá al señor Batlle seguir sirviendo a su partido y al país, donde quiera que su acción pueda ser útil.
El importe de la jubilación será entregado íntegramente al tesoro de nuestro partido, como entregó su sueldo al mismo tesoro el Sr. Batlle y Ordoñez en los dos períodos en que ha formado parte del Consejo Nacional.
El señor Batlle y Ordoñez cuenta cerca de veinte años de servicios al Estado. El resto de su actuación – unos treinta años – se ha desarrollado en el periodismo y en el seno de su partido.
Se calcula que la jubilación solicitada asciende a unos seis mil novecientos pesos anuales, que es la jubilación mayor que las leyes autorizan.
Justificando ante el pueblo el comienzo de su alejamiento de la cosa pública, el Batlle que hoy traemos al presente le recordaba a la sociedad que la vejez no es un derecho, es un hecho. El derecho es disfrutarla con descanso merecido, como anticipo del futuro inminente: la partida. Que, como en los versos esculpidos en su tumba, habrá visto llegar “altivamente, tranquila la conciencia, alta la frente, con el placer de la misión cumplida” sabiendo que “es principio de un sueño solamente, donde todo se olvida y dura eternamente”
¡Viva Batlle, Batlle vive!











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